domingo, 18 de octubre de 2026

Libro: Historias de fantasmas

Estoy leyendo "Historias de fantasmas" de Siri Hustvedt. Donde la autora escribe su sentir sobre la enfermedad, la muerte y el duelo por su esposo el escritor Paul Auster (qué fantástico, un matrimonio de dos escritores).



Desde las primeras páginas me ha puesto a pensar (como dice Rosa Montero "echar a andar la rueda de hamster") acerca de esa cotidianidad del matrimonio la manera en que convivían, donde cada uno tenía su escritorio, su lugar de trabajo y ninguno se molestaba, menciona que cuando se pierde a alguien es como ser amputado, el miembro fantasma que se experimenta, ya no está esa persona sin embargo todo de ella queda.

Se me hace curioso, peculiar, único que conocieras a una persona que haya comprado y leído los mismos libros que tú, cuando recuerda que cuando se fueron a vivir juntos regalaron los libros que tenían repetidos y se quedaron con la mejor edición, por lo que dice que no se podían separar (como digo: gracioso, curioso, único). 

Me gustan sus reflexiones acerca del tiempo, de sus olvidos, de cómo ella se quedó con partes de Paul y Paul se llevó partes de ella misma, eso pasa con las interacciones significativas que tenemos en la vida, se llevan cosas tuyas y te quedas las de ellos. 

"...el tacto de Paul, su manera de hablar, sus ideas, sus libros y su sentido del humor ahora forman parte de mí, no solo como recuerdos conscientes sino como modos de mi existir en el mundo. Él en mis percepciones, mis gestos, mi forma de andar y mis bromas. Lo extraño es que él se llevó a la tumba mis palabras, mi tacto, mis ideas, mis libros y mi sentido del humor, todos los cambios que se produjeron en él durante las más de cuatro décadas que convivió conmigo. Yo también estoy allá abajo.  Nos superpusimos". 

domingo, 13 de septiembre de 2026

"Un hijo propio"

Socialmente estamos acostumbrados a decirle a los demás cómo deben de vivir, en qué momento casarse y cuando y cuántos hijos tener, aunque realmente nunca les demos gusto, los que se casan porque se casan, los que no se casan porque no se casan, los que se casan y no tienen hijos (no se la acaban porque nunca los dejan en paz), los que tienen uno porque "son egoístas", los que tienen más de dos porque para cuando el tercero y esto va más allá de la típica tía o vecina metiches que critican sin ver su propia vida, sino que somos muy dados a meternos en la vida de los demás y no sabemos las situaciones por las que están pasando. 

Y como en el documental de Netflix "Un hijo propio" es precisamente esa presión por tener hijos es uno de los temas principales, es impactante el grado de frustración que puede llegar a experimentar una persona por ese motivo. Pensaríamos que esas ideas son antiguas y que esto ya no pasa hoy en día pero no es así, ¿Y para cuando el bebé?, "Si no van a tener hijos, entonces ¿para qué se casaron?" si tienes uno "Y para cuando el otro", "¿A poco lo vas a dejar -solit@-?", dejando principalmente el peso en manos de la mujer. 

Me parece pertinente dejar de preguntarles a los demás "Y para cuando tal cosa", dejarles que vivan como quieran vivir, sin quieren vivir solteros, parejas sin hijos, con perrijos o gatijos, etc. Cuando nos den ganas de hacer algún comentario a los demás sobre su vida preguntémonos antes: ¿ Es un comentario constructivo? ¿Al decirle cómo vivir o qué hacer estaré para esa persona? ( Si le digo a alguien que "debe" de tener hijos, ¿le aportaré económicamente/con cuidados o estaré en las noches en que el hijo se enferme?) ¿Le sirve a esa persona mi comentario o lo que le diré es hiriente o sobrepasado? ¿Me gustaría que alguien se acercara a decirme lo mismo?

Dejemos vivir a los demás, entendamos que ese tipo de temas son MUY personales, no sabemos qué estén viviendo, quizás estén pasando un duelo por alguna pérdida de algún embarazo que desconocemos, o que tal vez tengan algún diagnóstico o estén en algún procedimiento de fertilidad, desarrollemos empatía suficiente para no lastimar o fastidiar con esas preguntas tan personales, entendamos que no nos corresponde dirigir vidas ajenas ni tomar las decisiones de los demás, no estamos en su lugar ni sabemos sus circunstancias. No seamos quien genere juicios de vidas ajenas o comentarios incómodos o incluso dolorosos a los demás.  

miércoles, 13 de mayo de 2026

El jardinero y la muerte

En las reseñas que leí antes de comprarlo lo alababan y decían que era un libro magnífico, pues ahora que lo he leído confirmo que lo es, el autor a sido un descubrimiento para mí, esa forma de convertir el dolor y la muerte de una persona amada en fragmentos de poesía y recuerdos.
Narrar la muerte de su padre, desde antes del diagnóstico de cáncer, durante y el tiempo posterior, se va del tiempo presente a los recuerdos que tiene de su padre y es donde tiene belleza cada breve capítulo, una persona no solo debe de ser recordada en sus últimos días sino en los momentos de su vida, en los momentos compartidos, en lo que le fue importante y amado, en este caso su familia y su jardín. Lo hace con una ternura y nostalgia que no es posible no quedar conmovido, como cuando narra algunos pasajes de la juventud del padre, las anécdotas de cuando intentaba ganarse la vida sembrando diferentes cosas o cuando intentaba vender cebollas durante un periodo de escasez, es impactante lo que vivían las generaciones más grandes, la dureza de sus tiempos. Indudablemente también te lleva a diversas reflexiones personales, sobre nuestra propia muerte y la de nuestras personas amadas, la crudeza de los últimos días y la manera personal  para sobrellevar el dolor del duelo. Dolorosamente hermoso, tiene frases maravillosas, poéticas, pongo solo algunas:
 
"¿De qué hablamos cuando hablamos de la muerte? ¿De aquel que se ha ido o de nosotros? ¿De la ausencia misma? Está tan ausente que llena cada minuto libre con su ausencia".

"El fin del mundo no llega para todos al mismo tiempo". 

"Al menos nos queda el consuelo de que solo pasaremos por la muerte de nuestros padres una vez. De nuestra propia muerte ni hablo. Por ella no pasaremos ni una sola vez". 

"No nos han enseñado a envejecer. ¿Qué se hace al final de la vida? Cómo bajas el ritmo, cómo te acostumbras a qué tú trabajo ahora consiste en descansar, qué clase de trabajo es descansar".

"La física del dolor te libera del aplastante vacío y de la existencia metafísica de la muerte que afrontas". 

"Era una noche silenciosa y blanda, me despedía de mi parte y quería acompañarme al menos hasta la puerta, hasta donde dejan llegar a los vivos... Él apretaba la mía, atravesabamos el puente de la noche y en breve íbamos a separarnos".

jueves, 16 de abril de 2026

Amor que trasciende el tiempo y el espacio

Estamos profundamente acostumbrados a amar desde la presencia, como si el amor necesitara un cuerpo, una voz cercana o una rutina compartida para existir. Nos enseñaron, quizá sin palabras, que amar es estar: coincidir en tiempo y espacio, tocar, mirar, escuchar. Y así, cuando la presencia se rompe, sentimos que algo esencial del amor también se desmorona.

Pero en realidad, el amor no habita únicamente en la cercanía física. La presencia es solo una de sus formas más tangibles, la más fácil de reconocer. El verdadero reto aparece cuando esa presencia desaparece y nos preguntamos si lo que sentimos sigue teniendo sentido. Ahí es donde el amor deja de ser costumbre y se convierte en elección.

Amar más allá de la presencia implica sostener el vínculo sin la inmediatez, sin la certeza de la mirada diaria. Es aprender a habitar la ausencia sin convertirla en olvido. Porque si el amor solo sobrevive cuando el otro está, entonces quizá no era amor, sino necesidad de compañía.

Tal vez el crecimiento emocional consiste en eso: en dejar de confundir cercanía con profundidad. En entender que la presencia es un regalo, pero no la única prueba de lo que sentimos. Y que el amor más honesto no es el que depende de ver al otro todos los días, sino el que, incluso en la distancia o el silencio, sigue eligiendo quedarse.

jueves, 2 de abril de 2026

Consolaciones , lecciones de un terapeuta para enfrentarse a las adversidades

He terminado la lectura del libro "Consolaciones, lecciones de un terapeuta para enfrentarse a las adversidades", y como siempre me pasa con Christophe André, termino muy conmovida con sus palabras y la forma que tiene para expresarlas, tan humana, tan compasiva y tan honesto también como al principio del libro cuenta algunas cosas de su práctica clínica.




Me atrevo a decir que es su mejor libro, al menos para mí, porque viene a partir del propio sufrimiento y la forma en que comprendió y vivió el consuelo en una  enfermedad como el cáncer y la angustia de la vida en general. Y sí, tiene razón cuando menciona que ojalá este sea un libro consolador, lo es, tanto que quisieras llevarlo a todos lados, es el libro de la mesita del buró, es para abrazar y abrazarnos en momentos difíciles y también en los que no son tanto porque como escribe: "el consuelo está en todas partes en la fuerza de la naturaleza, en el movimiento de la acción, en los beneficios del arte, en la sencillez de la meditación, en las historias que nos contamos sobre el destino o el sentido de la vida, en los misterios de la fe o en los rostros que nos consuelan desde el más allá... "

Elegir los párrafos que más me gustaron es difícil porque en sí casi destacaría todo el libro, es magnífico, un abrazo al alma, así que pondré unas cuantas al azar: 

"En lugar de confiar en el crecimiento postraumático para redescubrir el sentido de la vida, podríamos probar otra vía... sustituir el molesto "Lo que no nos mata nos hace más fuertes", por "Hazte más fuerte con tus oportunidades, en lugar de hacerte más fuerte con tus desgracias."

"El arte puede hacernos experimentar emociones agradables (admirar, asombrarse, conmoverse) que debilitarán el dominio de nuestras emociones dolorosas"

"Cuando caminamos por el bosque pasamos constantemente junto a plantas con propiedades medicinales, sin verlas; del mismo modo, a medida que avanzamos en nuestra jornada diaria, nos cruzamos sin cesar con fuentes de consuelo"

lunes, 9 de marzo de 2026

Mi perry cumple 15 años

Su nombre completo es "Perry el ornitorrinco peluche", pero le digo Perry o gordo. Es un french poodle que tiene una historia muy particular. Era de mi tía hace más de 14 años y era muy travieso, tanto, que mordió y rompió el cable de su lavadora, por lo que un día me llamó y me dijo que si quería al perro o lo echaría a la calle. 
Desde entonces ha sido mi compañero de vida. Todos dirán lo mismo de sus perros pero es un perro hermoso, hemos compartido tanta vida, como digo, era tan travieso que tampoco nos salvamos de que nos rompiera no solo el cable de la lavadora, sino también de una plancha jajaja lo seguimos amando igual. En su juventud tenía tanta energía que entraba a la casa y mordía la ropa, comía pedazos de madera así que corría a llevarlo al veterinario, hace años vivía en una casa que en 3er piso tenía un techo muy curioso donde nos subíamos él y yo a ver la gente pasar, a ver el cielo nocturno, a ver los carros ir y venir mientras le platicaba cosas, él solo escuchaba como siempre lo ha hecho. En esos momentos me sentía muy afortunada de tenerlo y quería guardar muy en el fondo de mi alma esa imagen de él y yo sentados en el techo para siempre, cierro los ojos y nos veo, tengo tantas imágenes de nosotros, como cuando me sentaba afuera de la cocina en el suelo y él se acurrucaba conmigo. Es tan suave y peludo como un peluche, que ha estado en los momentos más bonitos y en los peores también.
Este año cumplirá 15 años conmigo, ahora camina con dificultad, casi no escucha y percibo que su vista es poca, antes ladraba demasiado y ahora ya no lo hace. Es un viejito cansado. Sé que no podemos ir en contra de los ciclos de la vida y que pronto puede morir. Eso es innegable, y con él terminará una relación física de tantos años. No sé cómo me sentiré en el momento, lloraré eso es seguro. Pero lo que sí sé es que viviremos en el corazón del otro eternamente, mi amor no termina con la parte física. La muerte es solo un día pero hemos tenido la fortuna, el regalo de compartir y reír muchos tantos otros de vida, que con ello decido quedarme. 

sábado, 28 de febrero de 2026

¿Para qué darle un smartphone a nuestros hijos?

El ser humano es el único ser vivo que es capaz de analizar sus pensamientos y sobre sus decisiones y conductas. Como padres de familia en un mundo complejo es importante tomar decisiones informadas, darnos cuenta de que nuestras acciones impactan en su salud y bienestar y ahondar en los porqués de dichas acciones. 

Me parece preocupante ver niños con celulares, cada vez más chiquitos, -incluso de meses-, pegados a la pantalla brillante y llena de estímulos, dar vuelta a video tras video mientras los juguetes han pasado a segundo plano y donde dar rienda suelta a la creatividad y la imaginación a través del juego con otros niños es cosa de la infancia de generaciones pasadas. 



¿Por qué darle un celular a un niño? ¿Para qué? ¿A costa de qué? ¿Estamos conscientes de lo que implica? 

En el libro "La generación ansiosa" de Jonathan Haidt (todos deberíamos de leerlo) describe de qué manera la salud mental de los niños y adolescentes se ha deteriorado a partir del uso excesivo de los smartphones generando trastornos psicológicos como la ansiedad, la depresión, aislamiento, dificultades para socializar, dificultades para regular las emociones, etc. 

Y he escuchado muchos comentarios como "este niño se enoja cuando le quito el celular", "es que pasa mucho tiempo en el teléfono", "es que los niños ya son muy adictos al celular", ¿Quién se lo ha hecho llegar? y ¿Cuáles han sido los motivos por los que el celular ha llegado a las manos del bebé o niño?

Y efectivamente el teléfono celular origina: 

* Adicción, "Es que se enoja mucho cuando se lo quito", esa irritabilidad es un indicativo de adicción.

* Alteraciones del sueño, la luz azul altera el ciclo del sueño. 

* Sedentarismo, los niños ya no corren, ya no se mueven, están sentaditos tan atentos que apenas se les ve parpadear.

* Problemas de visión, la exposición prolongada a las pantallas está generando que muchos niños usen lentes.

* Aislamiento social, después del uso prolongado del celular les es difícil socializar, jugar, el uso de su imaginación ya les parece aburrido. Darle un smartphone a un niño es como quitarle parte de su infancia. 

* Aumento de ansiedad y estrés.

* Exposición a contenido inapropiado, ya sea sexual o violento (en una ocasión vi a un niño de alrededor de 3 años viendo en el celular un video donde unas señoras tenían un altercado y se gritaban groserías).

* Retraso en el desarrollo del lenguaje.

* Exposición a noticias o imágenes perturbadoras que por su edad no pueden asimilar por sí solos. 

Y con esto es una invitación a pensar, reflexionar...