domingo, 1 de febrero de 2026

Sobre mi psiquiatra preferido

Conocí por sus libros a Christophe André en 2011, cuando en la librería más cercana en ese entonces de donde vivo, el dueño (Q.E.P.D.) me recomendó "Los estados de ánimo", en aquel entonces la librería era un local más pequeño que donde están ahora y me lo llevé sin esperar mucho, lo leía entre consultas cuando trabajaba en DIF municipal. Para mí fue un antes y un después, ese primer libro del autor me llevó a preguntar de manera constante por más títulos que les llegaran. Christophe André es un psiquiatra francés que durante más de treinta años trabajó en el hospital psiquiátrico Santa Anna a la par de escribir libros de temas de psicología variados, como lo es la autoestima, la timidez, los trastornos de personalidad, las emociones, la meditación, la serenidad y la felicidad.

Tiene libros muy bonitos como "Meditar día a día" y "El arte de la felicidad" que enriquece enormemente con imágenes de pinturas. Leerle siempre me ha transmitido serenidad, me parece cercano, paciente, aterriza temas complejos de forma que sea fácilmente comprensible, además de que invita siempre a la reflexión y a la introspección. 

Me parece curioso y últimamente he pensado en ello, en cómo ha acompañado estos casi 15 años de mi vida a partir de ver en el estante ya varios títulos suyos. Me causó gracia que hace poco en esa misma librería me dijeron que me recodaban como la clienta que siempre preguntaba por libros de Christophe André. 

En este momento estoy leyendo "Consolaciones, lecciones de un terapeuta para enfrentarse a las adversidades", y como de costumbre me llega al alma, estoy pensando que podría convertirse en mi favorito. 

miércoles, 7 de enero de 2026

La vida que queríamos, película

La he visto tres veces y me ha llevado a buscar los libros del escritor Peter Stamm. "La vida que queríamos" es una historia que refleja la profunda frustración del ser humano. Se centra en la vida de dos parejas, una de ellas que es la protagonista pasa por el duelo de no poder concebir un hijo y llevan varios tratamientos fallidos de FIV. Sólo quien ha pasado por un tratamiento así puede empatizar genuinamente con la Alice, pues son tratamientos muy exigentes en muchos sentidos, físico, mental, emocional, económico y que, además, ponen a prueba a la pareja más estable. 


La historia se centra en que se van de vacaciones por recomendación del médico que ha llevado el proceso de fertilidad de la pareja para que descansen física y psicológicamente y al lado llega una familia ruidosa que tiene una niña pequeña y un adolescente con el que no pueden comunicarse.

Me gustó mucho porque retrata a través de las emociones, conductas, miradas, silencios y expresiones de los personajes la vida matrimonial, por un lado, una pareja con hijos, estresada y cansada que busca paz, mientras que la otra, de manera irónica con exceso de paz que lleva a cuestas la frustración de quererlos y no poder concebirlos. 

Hay tantas cosas para analizar y reflexionar en esos diálogos y situaciones que viven en sus días de vacaciones en las que se entrelazan las historias de las dos parejas: "no tienen hijos verdad, tienen suerte", "no sé para qué tienen hijos (mientras en el restaurante ven a un niño con una tableta), -pues no creo que puedan tener una conversación en paz, seguramente nos envidian". Cuestiona la idea de los hijos como parte de la felicidad, "la familia felíz", pues ninguna de las dos parejas lo son, unos porque los tienen y se están en constante tensión ( está niña me va a provocar un infarto) y la otra porque no puede tenerlos y tienen que reajustar expectativas y proyecto de vida. Las dos parejas se reflejan y ven en la otra, la vida que les atrae pero que desconocen.

domingo, 21 de diciembre de 2025

El pequeño libro del duelo

Está en pinturas, está en la literatura, está en las canciones que escuchamos, el dolor que se transforma en arte. La sublimación ha sido para el ser humano una herramienta de acompañamiento ante la pérdida y el sufrimiento. 

Acabo de leer "El pequeño libro del duelo" de Camila Sodi, que me ha parecido de principio a fin un libro precioso en donde relata cómo ha sido su proceso de duelo a partir de la muerte de su mamá.


Es un relato muy personal dividido en capítulos dónde recorre diversas ideas, reflexionando sobre la vida y la muerte, plasma pasajes de su historia familiar, y aprendizajes que ha ido integrando, además a través de los capítulos ofrece herramientas para transitar el duelo reflejando su trabajo personal para desarrollar resiliencia. 

Me parece un gran acompañante en el dolor de una pérdida porque aquí no te está hablando de teórico a doliente, sino de corazón a corazón: 

"El duelo es tan pesado porque carga una fuerza enorme de transformación. Una fuerza que nos lleva a crecer y a renovarnos. A menudo, el dolor provoca percepciones más profundas sobre la naturaleza de la existencia".

"No sé si crees en el destino o no, pero yo sí creo que hay cosas que no podemos evitar, y tal vez el momento en el que alguien debe partir de esta tierra ya esté marcado en la línea de nuestro destino".

"Entendí por fin que el amor no se puede medir por momentos. El amor incondicional que profesa no deja de ser amor humano punto y como todo lo humano está lleno de fallas y huecos y errores. El amor incondicional con el que amo es un amor humano, porque, aunque venga de la pura conexión y conciencia universal, se filtra por nuestra experiencia y existencia".

sábado, 13 de diciembre de 2025

Generalidades del duelo

Se dice con frecuencia: el fin de algo es siempre el principio de otra cosa. Sí, pero el fin es el fin y eso duele, éstas son algunas de las características del proceso del duelo:
 
*El duelo es el proceso de adaptación ante una pérdida, y hay diferentes tipos de pérdidas. 

*Un duelo no se hace de todo lo que termina, solo de lo que es significativo para nosotros.

*El duele como es implícito de su nombre duele y nada ni nadie puede eliminar esa experiencia de dolor que se tiene que transitar.

*El duelo es una decisión, se puede reprimir o de puede negar pero a largo plazo es insostenible y ese malestar del duelo no elaborado se manifestará de una forma u otra.

*El tiempo no lo cura todo si no se trabaja interiormente. 

*En el duelo no hay etapas, es único e individual y aunque como seres humanos compartimos características ante el dolor, pensar en "etapas" que se continúan es demasiado simplista.

*Es importante respetar nuestras perdidas y no comparar nuestros dolores ni nuestros procesos.

*La tristeza no es la única emoción que acompaña el proceso, sino que, por lo general el enojo, el miedo y la culpa (entre muchas más) van de la mano.

*Llorar no es sinónimo de un duelo no elaborado, así como no llorar tampoco lo es de que se ha integrado.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Vivir con nuestros muertos

 "Vivir con nuestros muertos" de Delphine Horvilleur, uff, qué libro, el único libro que me ha hecho llorar este año, con la historia de "Ariane", tardé en volver de ella, aunque todas son muy conmovedoras y es que ella es una rabina, escritora y filósofa que oficia ceremonias funerarias donde se despiden a las personas que han fallecido y se encarga de recopilar datos e información sobre su vida para esos momentos en que como ella menciona refleja a los familiares y amigos de algún modo cómo ha sido la vida y la persona que partió. 


Como digo es profundo y conmovedor, cada capítulo trata sobre la ceremonia de las personas a las que ha acompañado en su último adiós retratando el impacto humano que se tiene frente a la muerte de alguien cercano, la forma en que cada familia atraviesa esos momentos tormentosos del dolor y el shock. ¿Qué se le puede decir a una persona que acaba de perder a un ser querido y tiene destrozado el corazón?

Al leer puedo darme cuenta de que Delphine es una mujer muy valiente, inteligente y especial que utiliza el humor de manera constante en el libro y al redactar también plasma partes de su propia vida y sus pensamientos y creencias sobre la vida y la muerte.

Hay un chiste que te mueve porque es muy crudo: "Estos son dos supervivientes de los campos que están haciendo humor negro sobre el Holocausto. Dios, que pasaba por allí, los interrumpe: -Pero ¿cómo os atrevéis a bromear con tamaña catástrofe?-, y los supervivientes le dicen: ¡Tú qué vas a saber, si no estabas allí!". Reflejando el toque confrontativo con Dios respecto a las experiencias sumamente dolorosas que como humanos no comprendemos y hubiéramos querido que como ser supremo diera un gran estate quieto a la gente malvada para poner orden, un ¡ya basta! 

Es un libro maravilloso, Delphine logra captar la esencia de las personas que acompaña y hacer de esta manera un homenaje a su vida por medio del lenguaje escrito.  

"Me he dicho muchas veces que tanto para mí como para mis seres queridos deseo que el día de nuestro entierro nuestras vidas puedan ser evocadas desde una perspectiva distinta de la tragedia, que se nos brinde la posibilidad de ser rememorados mediante otros léxicos y otros registros, que nuestras vidas puedan verse como un thriller, una serie romántica, una leyenda mitológica o incluso una comedia popular. lo que sea con tal de que en nuestro entierro se nos permita no ser reducidos a nuestras muertes y transmitir cuán vivos estuvimos en vida".

"Muchas veces he tenido ganas de llorar con ellos, de desmoronarme a su lado, de sollozar a su ritmo. Pero siempre he sabido que debía vetármelo.

Sabía que mi papel me protegía un poco y me obligaba a mucho. Que podía cubrirme con él para mantener a raya el torrente de emociones que arrasaba con todo a su paso pero que a mí, en mi papel de acompañante, me brindaba el privilegio de un refugio flotante al que podía agarrarme igual que a un salvavidas insumergible. 

También me parecía que debía mantener la emoción a distancia porque su efecto sobre los deudos podría ser devastador. El rabino o el oficiante no puede, ni debe, entrar en perfecta empatía con aquellos a los que está respaldando. Precisamente su deber consiste en no hacer suyo el dolor de las personas a las que acompaña, y en encarnar el pilar de una verticalidad que las ha abandonado".  


sábado, 29 de noviembre de 2025

El camino de las lágrimas

A Jorge Bucay lo he leído desde hace ya muchos años, gracias a una amiga que emocionada me recomendó su "Hojas de ruta" que era un compendio de 4 libros: El camino de la felicidad, el camino del encuentro, el camino de la autodependencia y mi favorito: el camino de las lágrimas. 

El primero que compré es morado ya un poco viejito y gastado y esta quinta edición (cuya portada no me termina de gustar, no me cuadra, como las ediciones de pájaros de Diana de Gabo). Como aclara, este libro no solamente habla sobre duelo por muerte, sino por varios tipos de pérdidas y ¿quién en la vida ha sido inmune a esto? Absolutamente nadie. 

Y es que en estos últimos dos años he devorado libros sobre tanatología y proceso de duelo y éste sigue siendo de mis favoritos por honesto, por humano, porque lejos de tecnicismos te da la posibilidad de comprender que, en nuestras vidas, las pérdidas son un fenómeno amplio y universal, nos toca a todos y cada uno pasar por ellas y es mejor aprender a recorrer este camino, conocerlo y elaborarlo. 

"Es irremediable aceptar y saludable saber...

que por mucho que nos quiera nuestra madre va a dejarnos y nosotros vamos a dejarla a ella;

que el amor de nuestros padres nunca será exclusivamente para nosotros;

que aquello que nos hiere no siempre puede ser remediado con besos; que tendremos que aceptar el amor mezclado con el odio y lo bueno mezclado con lo malo...

...que existen defectos y conflictos en todas las relaciones humanas;

que los deseos de las personas que amamos no siempre coinciden con los nuestros y a veces ni siquiera son compatibles con ellos;

que no importa cuán astutos y cuidadosos seamos, a veces nos toca perder...

que nuestra condición en este mundo es implacablemente pasajera.

Y lo más difícil de aceptar: Somos absolutamente incapaces de poder ofrecer a nuestros seres queridos la protección que quisiéramos contra todo peligro, contra cualquier dolor, contra las frustraciones, contra el tiempo perdido, contra la vejez y contra la muerte".

viernes, 28 de noviembre de 2025

¿Qué es la tanatología y qué hace un tanatólogo?

La tanatología es la disciplina enfocada a los procesos de pérdida y duelo. 

En su concepto más formal es "el estudio de la muerte", dado que su etimología viene de "thanatos" que significa muerte y "logos" que significa estudio o tratado.  La tanatología no se enfoca en qué sucede o a dónde vamos, sino acerca del, proceso que viven las personas que se quedan, cuando se habla sobre un fallecimiento. Sin embargo, la tanatología es un mundo muy amplio que abarca diversas pérdidas, como lo es además del duelo por el fallecimiento de una persona, pérdidas gestacionales, fallecimiento de un animalito de compañía, pérdida de vínculos (amistades, pareja), divorcio, pérdida fisiológica, pérdida de la salud como algún diagnóstico de enfermedad ya sea crónica o terminal, pérdidas materiales, laborales e incluso la pérdida del sentido o de nosotros mismos. 

El mundo de la tanatología es maravilloso porque nos acerca más a nosotros mismos y a la vida en su sentido más profundo e impermanente. 

Ahora, ¿Qué hace un tanatólogo?

Antes de qué hace, un tanatólogo, tiene que contar con una preparación amplia y profesional, (ir más allá de un curso o diplomado) estar legalmente acreditado como tal. 

Lo que hace un tanatólogo es dar un acompañamiento a una persona que esté pasando por una pérdida y guiarle para procesarla e integrarla a través de la escucha activa y ofrecer herramientas específicas adaptadas a las necesidades de la persona.

Acompañar es algo muy humano porque implica ser testigo del dolor de una persona, es necesario desarrollar una parte compasiva ante nosotros mismos y ante los demás. La compasión y la escucha activa son partes esenciales del acompañamiento. 

Un tanatólogo conoce el proceso del duelo y no va a juzgar tu dolor, no compara los tipos de pérdidas como suele hacerse, tampoco reprimirá el llanto de las personas, ya que este es necesario para ir procesando de a poco el dolor.