domingo, 22 de febrero de 2026

Capitulos de nuestra vida

Al rememorar y escribir algunos de nuestros capítulos de vida de alguna forma evitamos que se queden en el olvido, que se queden en el tiempo y el espacio. Capitulos bonitos, importantes que recordamos con cariño, donde encontramos personas que al tiempo se convirtieron en muy importantes y que dibujaron con más color tales épocas. 
Últimamente he recordado una etapa de mi vida, considero que fue de las más bonitas, donde conocí personas especiales. 
En 2010 entré a trabajar en dif municipal, encargada de población abierta, solo era un contrato de 3 meses, tenía consultorios a los lados del de psicología, uno el médico, otro el de terapia de lenguaje. Recuerdo al médico Francisco, era físicamente muy guapo, llamaba la atención tanto por si físico como por su porte, su impecable manera de vestir. Era de Morelia dónde tenía a su esposa y 2 hijas pequeñas. Me platicaba cómo le buscaba cosas de patito feo, que en ese tiempo estaba de moda (era una novela), escuchaba la música de María José, le encantaba el pop, era amable y robaba miradas cuando se subía en su auto rojo. Lo recuerdo porque platicábamos entre consultas, me parece curioso como en el trabajo te puedes encontrar tanto con personas que sabes que no congenian casi nada y otros con los que puedes crear una buena amistad. 
Cuando mi contrato terminó salí con mis cositas doliendome el alma. Regresé como 1 mes después cuando me volvieron a llamar para quedarme toda la administración. 
Pero en el inter, una compañera me llamó para decirme que el doctor Francisco había fallecido, era muy joven, en ese entonces tendría como 35 años.
No me pude despedir, incluso tardé en asimilarlo, ni siquiera lo creía.
Hasta que regresé a mi consultorio y al lado ya no estaba él. Son personas que conoces brevemente pero que recuerdas incluso muchos años después. 
En esa nueva etapa había una joven que habían contratado recientemente, un día entré a esa oficina (donde estaba ella y otra señora que ya no recuerdo su nombre), y en cuanto la ví, vestida con un saquito de manga corta color café que en aquellos años estaban de moda, supe, en serio supe dentro de mí que ella sería mi amiga. No sé cómo explicarlo, encontrar una mejor amiga es como enamorarse, me sentía felíz con ella, hablábamos en el trabajo y también por las tardes, nos llamábamos por teléfono, cuando ella llegaba de entregar despensas de su departamento a las comunidades llegaba corriendo hacia mi consultorio gritándome "chataa". Nely López ha sido uno de mis grandes tesoros en esta vida, una BFF que amaré por siempre aunque la etapa haya concluido, desconozco si volveré alguna vez a tener una BF. 
Es bonito recordar momentos felices de nuestra vida, personas imborrables.

jueves, 5 de febrero de 2026

Consolaciones

Leyendo el libro de Christophe André "Consolaciones" que me está pareciendo magnífico, "consolar" es desear aliviar una pena, y referente a ellas, podemos tener muchas, una pena de desamor, una por fallecimiento de un ser querido, por alguna enfermedad nuestra o de familiares o amigos, una pérdida material, un proyecto que no resultó, una pérdida de empleo, y un largo etcétera, se refiere a un momento complicado o especialmente difícil, ahí entra la consolación que podemos ofrecer a través de palabras o acciones hacia otras personas o hacia nosotros mismos.

En una parte del libro habla acerca de "Consolaciones a granel", lo que me pareció a su vez gracioso y genial, son pequeñas cosas del día que nos pueden ayudar a que algún dolor nuestro sea un poco más llevadero, un poco más manejable, que nos consuelan, aunque sea un poquito, aunque sea un momento. 

Pensé sobre ello y me puse a buscar esas pequeñas consolaciones y es curioso como si las buscamos de manera voluntaria y consciente hay realmente muchos y muy bonitos como los siguientes ejemplos:

Caminando hacia la escuela donde trabajo por la mañana, hay un espacio en el que se contrasta el azul del cielo con el verde intenso de los campos sembrados que crecen de a poco, llegando se perciben los árboles que tapan la escuela que son altos y frondosos y crean un bonito paisaje. Pienso en dichas "postales" que solo pueden ser captadas como son por el ojo humano, puede haber paisajes bellos en cualquiera de nuestros caminos, sólo hay que estar atentos. Ésta es una consolación a granel.

Otra, el escuchar los pajarillos cantar. Cuando estamos inmersos en nuestras cavilaciones esto pasa desapercibido, pero está y me parecía que cantaban para alegrar el camino de quien pasara por ahí. 

El sol que calienta, que refleja el amarillo por todas partes, que cobija, hace que no estén tan fríos los campos, las casas y el corazón humano, esto es una consolación a granel. 

¿Podemos percibir estas consolaciones en momentos complicados? sí, sólo hace falta prestar atención a ellas. 



domingo, 1 de febrero de 2026

Sobre mi psiquiatra preferido

Conocí por sus libros a Christophe André en 2011, cuando en la librería más cercana en ese entonces de donde vivo, el dueño (Q.E.P.D.) me recomendó "Los estados de ánimo", en aquel entonces la librería era un local más pequeño que donde están ahora y me lo llevé sin esperar mucho, lo leía entre consultas cuando trabajaba en DIF municipal. Para mí fue un antes y un después, ese primer libro del autor me llevó a preguntar de manera constante por más títulos que les llegaran. Christophe André es un psiquiatra francés que durante más de treinta años trabajó en el hospital psiquiátrico Santa Anna a la par de escribir libros de temas de psicología variados, como lo es la autoestima, la timidez, los trastornos de personalidad, las emociones, la meditación, la serenidad y la felicidad.

Tiene libros muy bonitos como "Meditar día a día" y "El arte de la felicidad" que enriquece enormemente con imágenes de pinturas. Leerle siempre me ha transmitido serenidad, me parece cercano, paciente, aterriza temas complejos de forma que sea fácilmente comprensible, además de que invita siempre a la reflexión y a la introspección. 

Me parece curioso y últimamente he pensado en ello, en cómo ha acompañado estos casi 15 años de mi vida a partir de ver en el estante ya varios títulos suyos. Me causó gracia que hace poco en esa misma librería me dijeron que me recodaban como la clienta que siempre preguntaba por libros de Christophe André. 

En este momento estoy leyendo "Consolaciones, lecciones de un terapeuta para enfrentarse a las adversidades", y como de costumbre me llega al alma, estoy pensando que podría convertirse en mi favorito. 

miércoles, 7 de enero de 2026

La vida que queríamos, película

La he visto tres veces y me ha llevado a buscar los libros del escritor Peter Stamm. "La vida que queríamos" es una historia que refleja la profunda frustración del ser humano. Se centra en la vida de dos parejas, una de ellas que es la protagonista pasa por el duelo de no poder concebir un hijo y llevan varios tratamientos fallidos de FIV. Sólo quien ha pasado por un tratamiento así puede empatizar genuinamente con la Alice, pues son tratamientos muy exigentes en muchos sentidos, físico, mental, emocional, económico y que, además, ponen a prueba a la pareja más estable. 


La historia se centra en que se van de vacaciones por recomendación del médico que ha llevado el proceso de fertilidad de la pareja para que descansen física y psicológicamente y al lado llega una familia ruidosa que tiene una niña pequeña y un adolescente con el que no pueden comunicarse.

Me gustó mucho porque retrata a través de las emociones, conductas, miradas, silencios y expresiones de los personajes la vida matrimonial, por un lado, una pareja con hijos, estresada y cansada que busca paz, mientras que la otra, de manera irónica con exceso de paz que lleva a cuestas la frustración de quererlos y no poder concebirlos. 

Hay tantas cosas para analizar y reflexionar en esos diálogos y situaciones que viven en sus días de vacaciones en las que se entrelazan las historias de las dos parejas: "no tienen hijos verdad, tienen suerte", "no sé para qué tienen hijos (mientras en el restaurante ven a un niño con una tableta), -pues no creo que puedan tener una conversación en paz, seguramente nos envidian". Cuestiona la idea de los hijos como parte de la felicidad, "la familia felíz", pues ninguna de las dos parejas lo son, unos porque los tienen y se están en constante tensión ( está niña me va a provocar un infarto) y la otra porque no puede tenerlos y tienen que reajustar expectativas y proyecto de vida. Las dos parejas se reflejan y ven en la otra, la vida que les atrae pero que desconocen.

domingo, 21 de diciembre de 2025

El pequeño libro del duelo

Está en pinturas, está en la literatura, está en las canciones que escuchamos, el dolor que se transforma en arte. La sublimación ha sido para el ser humano una herramienta de acompañamiento ante la pérdida y el sufrimiento. 

Acabo de leer "El pequeño libro del duelo" de Camila Sodi, que me ha parecido de principio a fin un libro precioso en donde relata cómo ha sido su proceso de duelo a partir de la muerte de su mamá.


Es un relato muy personal dividido en capítulos dónde recorre diversas ideas, reflexionando sobre la vida y la muerte, plasma pasajes de su historia familiar, y aprendizajes que ha ido integrando, además a través de los capítulos ofrece herramientas para transitar el duelo reflejando su trabajo personal para desarrollar resiliencia. 

Me parece un gran acompañante en el dolor de una pérdida porque aquí no te está hablando de teórico a doliente, sino de corazón a corazón: 

"El duelo es tan pesado porque carga una fuerza enorme de transformación. Una fuerza que nos lleva a crecer y a renovarnos. A menudo, el dolor provoca percepciones más profundas sobre la naturaleza de la existencia".

"No sé si crees en el destino o no, pero yo sí creo que hay cosas que no podemos evitar, y tal vez el momento en el que alguien debe partir de esta tierra ya esté marcado en la línea de nuestro destino".

"Entendí por fin que el amor no se puede medir por momentos. El amor incondicional que profesa no deja de ser amor humano punto y como todo lo humano está lleno de fallas y huecos y errores. El amor incondicional con el que amo es un amor humano, porque, aunque venga de la pura conexión y conciencia universal, se filtra por nuestra experiencia y existencia".

sábado, 13 de diciembre de 2025

Generalidades del duelo

Se dice con frecuencia: el fin de algo es siempre el principio de otra cosa. Sí, pero el fin es el fin y eso duele, éstas son algunas de las características del proceso del duelo:
 
*El duelo es el proceso de adaptación ante una pérdida, y hay diferentes tipos de pérdidas. 

*Un duelo no se hace de todo lo que termina, solo de lo que es significativo para nosotros.

*El duele como es implícito de su nombre duele y nada ni nadie puede eliminar esa experiencia de dolor que se tiene que transitar.

*El duelo es una decisión, se puede reprimir o de puede negar pero a largo plazo es insostenible y ese malestar del duelo no elaborado se manifestará de una forma u otra.

*El tiempo no lo cura todo si no se trabaja interiormente. 

*En el duelo no hay etapas, es único e individual y aunque como seres humanos compartimos características ante el dolor, pensar en "etapas" que se continúan es demasiado simplista.

*Es importante respetar nuestras perdidas y no comparar nuestros dolores ni nuestros procesos.

*La tristeza no es la única emoción que acompaña el proceso, sino que, por lo general el enojo, el miedo y la culpa (entre muchas más) van de la mano.

*Llorar no es sinónimo de un duelo no elaborado, así como no llorar tampoco lo es de que se ha integrado.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Vivir con nuestros muertos

 "Vivir con nuestros muertos" de Delphine Horvilleur, uff, qué libro, el único libro que me ha hecho llorar este año, con la historia de "Ariane", tardé en volver de ella, aunque todas son muy conmovedoras y es que ella es una rabina, escritora y filósofa que oficia ceremonias funerarias donde se despiden a las personas que han fallecido y se encarga de recopilar datos e información sobre su vida para esos momentos en que como ella menciona refleja a los familiares y amigos de algún modo cómo ha sido la vida y la persona que partió. 


Como digo es profundo y conmovedor, cada capítulo trata sobre la ceremonia de las personas a las que ha acompañado en su último adiós retratando el impacto humano que se tiene frente a la muerte de alguien cercano, la forma en que cada familia atraviesa esos momentos tormentosos del dolor y el shock. ¿Qué se le puede decir a una persona que acaba de perder a un ser querido y tiene destrozado el corazón?

Al leer puedo darme cuenta de que Delphine es una mujer muy valiente, inteligente y especial que utiliza el humor de manera constante en el libro y al redactar también plasma partes de su propia vida y sus pensamientos y creencias sobre la vida y la muerte.

Hay un chiste que te mueve porque es muy crudo: "Estos son dos supervivientes de los campos que están haciendo humor negro sobre el Holocausto. Dios, que pasaba por allí, los interrumpe: -Pero ¿cómo os atrevéis a bromear con tamaña catástrofe?-, y los supervivientes le dicen: ¡Tú qué vas a saber, si no estabas allí!". Reflejando el toque confrontativo con Dios respecto a las experiencias sumamente dolorosas que como humanos no comprendemos y hubiéramos querido que como ser supremo diera un gran estate quieto a la gente malvada para poner orden, un ¡ya basta! 

Es un libro maravilloso, Delphine logra captar la esencia de las personas que acompaña y hacer de esta manera un homenaje a su vida por medio del lenguaje escrito.  

"Me he dicho muchas veces que tanto para mí como para mis seres queridos deseo que el día de nuestro entierro nuestras vidas puedan ser evocadas desde una perspectiva distinta de la tragedia, que se nos brinde la posibilidad de ser rememorados mediante otros léxicos y otros registros, que nuestras vidas puedan verse como un thriller, una serie romántica, una leyenda mitológica o incluso una comedia popular. lo que sea con tal de que en nuestro entierro se nos permita no ser reducidos a nuestras muertes y transmitir cuán vivos estuvimos en vida".

"Muchas veces he tenido ganas de llorar con ellos, de desmoronarme a su lado, de sollozar a su ritmo. Pero siempre he sabido que debía vetármelo.

Sabía que mi papel me protegía un poco y me obligaba a mucho. Que podía cubrirme con él para mantener a raya el torrente de emociones que arrasaba con todo a su paso pero que a mí, en mi papel de acompañante, me brindaba el privilegio de un refugio flotante al que podía agarrarme igual que a un salvavidas insumergible. 

También me parecía que debía mantener la emoción a distancia porque su efecto sobre los deudos podría ser devastador. El rabino o el oficiante no puede, ni debe, entrar en perfecta empatía con aquellos a los que está respaldando. Precisamente su deber consiste en no hacer suyo el dolor de las personas a las que acompaña, y en encarnar el pilar de una verticalidad que las ha abandonado".