miércoles, 13 de mayo de 2026

El jardinero y la muerte

En las reseñas que leí antes de comprarlo lo alababan y decían que era un libro magnífico, pues ahora que lo he leído confirmo que lo es, el autor a sido un descubrimiento para mí, esa forma de convertir el dolor y la muerte de una persona amada en fragmentos de poesía y recuerdos.
Narrar la muerte de su padre, desde antes del diagnóstico de cáncer, durante y el tiempo posterior, se va del tiempo presente a los recuerdos que tiene de su padre y es donde tiene belleza cada breve capítulo, una persona no solo debe de ser recordada en sus últimos días sino en los momentos de su vida, en los momentos compartidos, en lo que le fue importante y amado, en este caso su familia y su jardín. Lo hace con una ternura y nostalgia que no es posible no quedar conmovido, como cuando narra algunos pasajes de la juventud del padre, las anécdotas de cuando intentaba ganarse la vida sembrando diferentes cosas o cuando intentaba vender cebollas durante un periodo de escasez, es impactante lo que vivían las generaciones más grandes, la dureza de sus tiempos. Indudablemente también te lleva a diversas reflexiones personales, sobre nuestra propia muerte y la de nuestras personas amadas, la crudeza de los últimos días y la manera personal  para sobrellevar el dolor del duelo. Dolorosamente hermoso, tiene frases maravillosas, poéticas, pongo solo algunas:
 
"¿De qué hablamos cuando hablamos de la muerte? ¿De aquel que se ha ido o de nosotros? ¿De la ausencia misma? Está tan ausente que llena cada minuto libre con su ausencia".

"El fin del mundo no llega para todos al mismo tiempo". 

"Al menos nos queda el consuelo de que solo pasaremos por la muerte de nuestros padres una vez. De nuestra propia muerte ni hablo. Por ella no pasaremos ni una sola vez". 

"No nos han enseñado a envejecer. ¿Qué se hace al final de la vida? Cómo bajas el ritmo, cómo te acostumbras a qué tú trabajo ahora consiste en descansar, qué clase de trabajo es descansar".

"La física del dolor te libera del aplastante vacío y de la existencia metafísica de la muerte que afrontas". 

"Era una noche silenciosa y blanda, me despedía de mi parte y quería acompañarme al menos hasta la puerta, hasta donde dejan llegar a los vivos... Él apretaba la mía, atravesabamos el puente de la noche y en breve íbamos a separarnos".