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miércoles, 13 de abril de 2022

La soledad

La soledad es uno de los temores más profundos y frecuentes del ser humano. ¿Quién no se ha sentido solo alguna vez? Frente a alguna dificultad, frente alguna decisión realmente importante que sólo nosotros podemos tomar, físicamente en algún lugar sin nadie alrededor, en un sitio lleno de personas, o cuando alguien querido se va...


Este libro "La soledad", de Giorgio Nardone fue todo un descubrimiento para mí, de lectura ágil pero a la vez, tienes que detenerte para asimilar, desde las primeras páginas me atrapó, además descubrí que el autor es admirador de Emil Cioran pues recurre con frecuencia a él para a través de la filosofía ilustrar el tema del que escribe  "El sufrimiento es tan grande como grande es el espacio que a él le destinamos dentro de nosotros". Habla de la soledad como un placer y sufrimiento, como una sombra que acompaña al ser humano y de, a la vez es parte, sobre la psicopatología de la soledad, la interrelación que existe entre soledad y enfermedad mental "es a la vez causa y efecto, es una causalidad circular u recíproca", enfermamos por aislarnos y nos aislamos porque estamos enfermos, "sentirse desesperadamente solo puede ser la causa inicial de un trastorno o su consecuencia", nos explica su relación con trastornos como la depresión y la ansiedad (manías persecutorias, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo), impotencia sexual, anorexia y trastorno de personalidad paranoico. A continuación les dejo unos párrafos sobra decir que está ampliamente recomendado.

"En el dolor y en la alegría, en el éxito y en el fracaso, en la aceptación y en el rechazo, en la vida y en la muerte, estamos solos, porque nuestra percepción de las cosas es individual y nunca puede ser del todo compartida; es más, en la mayoría de los casos no lo es en absoluto". 

"La soledad es la sombra que nos persigue y de la que nunca podemos librarnos definitivamente, de modo que lo único que podemos hacer es aprender a gestionarla sabiendo que puede ser una tortura o un placer, según como sea nuestra interacción con ella".

"Soledad y sociabilidad son dos caras complementarias de la medalla que representa el equilibrio sano y funcional de la persona..."

"Las parejas permanecen juntas más por miedo que por amor. La incapacidad de estar solo por temor a un sufrimiento excesivo, más que el deseo, es lo que empuja a unirse a otra persona". 




viernes, 23 de enero de 2015

El valor de estar solos

Cada vez más, los seres humanos huimos de nosotros mismos, de forma deliberada nos llenamos de actividades por hacer, sonidos y un sin fin de cosas que nos provocan preguntarnos: ¿qué era lo que solíamos hacer antes de tanta tecnología?, ¿qué hacíamos con nuestro tiempo antes de tanto robó de consciencia continuo? Tanto tiempo valioso suprimido por el internet, la obsesión por las fotografías, los mensajes de celular, las redes sociales, los juegos, la televisión, etc. Pantallas casi todo el tiempo.

¿Será que nos da tanto miedo estar solos? ¿Tememos a nuestra propia voz interna? Porqué huimos de nosotros cada que podemos enfocando nos siempre en algo externo. Quizás no sea la soledad a la que se teme, sino a encontrarse desolados.




La soledad es la capacidad para estar en compañía de uno mismo, mientras que la desolación es sufrimiento por no estar acompañado y sentirse indefenso y vulnerable. Pagamos un precio muy alto por el temor a la soledad, siendo esclavos del movimiento y el bullicio que nos impiden reencontrarnos con nuestro propio ser, y esto se traduce también en dependencias, en espera de que otra persona nos venga a hacer felices, y creando expectativas excesivas, porque no sabemos estar sin el otro.

Es tan común que las personas se casen o tengan hijos no por convicción, sino porque eso dicta la sociedad para no ser excluidos o rechazados y sobre todo, para no estar solos. Se ha etiquetado la palabra soledad de tal manera que todos le rehuyen.

Para llegar a ser más conscientes de todo esto, es preciso tener el valor de enfrentarnos a estar con nosotros mismos, voluntariamente, evitando caer en el apego al otro o la entretenimiento para sentirme bien. Pequeños detalles y pequeños momentos en nuestra compañía, como si fuera un experimento, sin pantallas, sin atarnos a la interacción continúa y repetida con los demás. ¿Por que no? Salir, pasear con uno mismo, reencontrarse con ese ser genuino que habita dormido en cada uno de nosotros y hacer y decidir por convicción, no por ceder a las presiones externas, pues sí aprendemos a estar primero con nosotros mismos generaremos felicidad, estando o no acompañados.